Las vías de administración utilizadas para producir un efecto sistémico deben ser depositadas en un lugar anatómico que permita o promueva la absorción del fármaco hacia la circulación sistémica, excepto la vía intravenosa e intraarterial en las que se depositan directamente en la sangre, para ser distribuido a los diferentes compartimentos corporales hasta llegar al lugar donde va a producir su efecto terapéutico.
Las variantes de esta vía que se emplean con mayor frecuencia en la práctica médica incluyen la vía oral con deglución, sublingual, rectal, intravenosa, intramuscular, subcutánea, intradérmica, transdérmica e inhalatoria, principalmente.
Bajo esta clasificación, en el Cuadro 3A se muestran las ventajas y desventajas de cada vía de administración; así como cuándo debe o no usarse, y las formas farmacéuticas más comunes que deben utilizarse.









